Miguel Hernández Communication Journal | nº 4 | Año 2013

Veinte años de censura oficial y militar en Irak

In MHCJ nº 3 (2012) on 9 febrero, 2012 at 22:38

Rosana Fuentes Fernández

Universidad San Jorge

MHCJ nº3 | 2012 | 2-27 (pdf)

Veinte años de censura oficial y militar en Irak

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Twenty years of official and military censorship in Iraq

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Dra. Rosana Fuentes Fernández

Profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Jorge (USJ) (España)

rfuentes@usj.es

Resumen

El estudio sobre las fuentes de información oficiales y militares utilizadas en la guerra del Golfo de 1991 y la invasión de Irak de 2003 por Alfonso Rojo para El Mundo y desarrollado mediante análisis cuantitativos y cualitativos, se completa con el cotejo de la cobertura informativa que cinco medios de comunicación españoles y nueve internacionales hicieron sobre el día de “la rabia” iraquí de 2011. Con los resultados se pretende demostrar la hipótesis inicial sobre las dos décadas de censura informativa impuesta en Irak a los periodistas que trabajan bajo un estricto control estatal.

 Abstract

The study on the official and military sources of information used in the war of the Gulf of 1991 and the invasion of Iraq of 2003 by Alfonso Rojo for El Mundo and developed through quantitative and qualitative analysis, is completed by the check of the informative coverage that five Spanish mass media and nine international ones did on the day of “the anger” Iraqi of 2011. Results prove the initial hypothesis on two decades of informative censorship imposed in Iraq to the journalists who work under a strict state control.

Palabras clave: Fuentes oficiales y militares; censura; día de “la rabia” iraquí, invasión de Irak; guerra del Golfo.

Keywords: Official and military sources; censorship; day of the “Iraqi anger”; the invasion of Iraq; the Gulf War.

Sumario: 1. Introducción. 2. Metodología. 3. Resultados. 3.1. Parcialidad informativa. 3.2. Identificación deficiente. 3.3. Censura en las fuentes. 3.4. Manipulación de los hechos. 3.5. El riesgo de informar. 4. Conclusiones. 5 Bibliografía. 6. Notas.

Summary: 1. Introduction. 2. Methodology. 3. Results. 3.1. Informative partiality. 3.2. Deficient identification. 3.3. Censorship in the sources. 3.4. Manipulation of the facts. 3.5. The risk of reporting. 4. Conclusions. 5 Bibliography. 6. Notes.

1. Introducción

Resulta innegable el interés de los estados por controlar la información de las fuentes oficiales y militares en época de guerra. Se trata de una vigilancia premeditada teniendo en cuenta que la mayoría de los medios de información tienden a recurrir con bastante regularidad a los mencionados informadores. El control del proceso comunicativo bélico lleva a una propaganda y manipulación que en pleno siglo XXI elimina cualquier atisbo de imparcialidad informativa, convirtiendo su objetivo en un arma estratégica (Cebrián, 2004: 72).

Un caso patente de flagrante desinformación se produce en Irak (Pizarroso: 1994), donde en las dos últimas décadas se gestaron tres acontecimientos que merecen especial atención: la guerra del Golfo de 1991, la invasión de Irak en 2003 y las revueltas del 25 de febrero de 2011 conocidas como el día de “la rabia” iraquí. En los tres casos se trata de conocer qué se favorece y qué se oculta por medio de la falsedad y la manipulación de los hechos, ideas y opiniones.

La manipulación informativa parte fundamentalmente de las fuentes militares y oficiales, pues fueron las únicas disponibles en la mayoría de los casos provocando una información unidireccional que impidió hacerse cargo de la totalidad del conflicto, particularmente, en palabras de Vicenç Fisas, de sus consecuencias sobre el bando que no dispone de estos medios de transmisión (1991: 99).

En este artículo se analiza la tendencia que experimentan las fuentes oficiales y militares en las dos últimas décadas. En la guerra del Golfo, muchos medios de comunicación se vieron obligados a recurrir a las fuentes militares estadounidenses debido a la hostilidad del territorio y a la escasa seguridad que ofreció el régimen. Dominique Wolton expone en un estudio que durante la operación “Tormenta del desierto” hubo acreditados 1.400 periodistas, entre ellos 900 norteamericanos, según el Pentágono, y 106 periodistas y técnicos franceses (1992). El gran número de corresponsales no evitó el predominio de la información de carácter local y nacional sobre la internacional, que repercutió al análisis del conflicto armado por parte de los medios de comunicación, que todavía arrastran un vacío en temas internacionales (Orive, 1994: 51).

El escandaloso tratamiento de la información durante la guerra del Golfo Pérsico, donde las noticias poco precisas trasladaron al público las falsedades introducidas por los servicios de propaganda, se demonizó a un “enemigo”, se presentaron juicios o no se discutió el marco en el que se forman habitualmente las opiniones, impulsó al menos a trescientos periodistas catalanes a suscribir un manifiesto en contra de la manipulación informativa en Irak. Estos profesionales quisieron reflejar el traspié que había sufrido la información tanto en lo referente a la falta de veracidad como de rigurosidad, según José Luis Gómez y Luis Alberto Chillón (1991).

El manifiesto contra la manipulación informativa contó con el apoyo de más de cuatrocientos periodistas catalanes. Muchos de ellos tuvieron problemas en sus empresas por mantener sus convicciones, ya que la campaña fue muy mal acogida por los directivos de algunos medios de comunicación (Aguillar y Zeller, 1991).

En las guerras mencionadas se analizan los datos que se aportan de las fuentes oficiales y militares. Se indaga en la necesidad de citar a las fuentes que suministran la información, que supone uno de los debates más polémicos en el periodismo. Algunos autores mantienen que la situación ideal para la práctica del periodismo de investigación se produce cuando la fuente que suministra las referencias se deja identificar de forma clara e inequívoca, es decir, el periodista la cita con nombre y apellidos desde el inicio de la información. En esta especial circunstancia, poco común en el periodismo de investigación, el texto final es altamente creíble y ve incrementado su valor informativo (Caminos, 1997). Una “fuente bien informada” y el innombrable “alto funcionario” que hace unas décadas eran pájaros raros, hoy están en todas partes (Strenz, 1983: 124).

El análisis se detiene en aquellos casos en los que se aprecia una censura informativa por parte de las fuentes oficiales y militares y cómo se traslada dicha circunstancia a los lectores. Las herramientas que se utilizan para enviar las crónicas a El Mundo, sobre todo, desde la guerra del Golfo de 1991 hasta la invasión de Irak de 2003, donde convivieron las más primitivas técnicas del periodismo hasta las más modernas, influyen a la hora de burlar la censura. Entre las primeras destacan las cuartillas manuscritas que Alfonso Rojo envió El Mundo vía Ammán (Pizarroso, 1994: 104).  Las prácticas más modernas parten de las televisiones gracias a sus avanzados equipos de imagen y sonido. En el caso concreto de la CNN, la permanencia de Peter Arnett sirvió para promover a la cadena americana en el mundo entero e introducir la idea de canales dedicados, mundiales y nuevos (Boyd-Barret).

En la invasión y el levantamiento de Irak destacan las informaciones enviadas a través de Internet como principal fuente de información frente a los medios tradicionales usados durante la primera guerra del Golfo. Para algunos profesionales la Red ofreció en 2003 nuevas posibilidades y capacidades que los lectores agradecieron haciendo de ésta la principal fuente de información sobre el conflicto (Arravillaga). Internet se convirtió en un canal de información a través del cual los ciudadanos norteamericanos pudieron burlar la censura, que se impuso en los demás medios. Por este motivo se multiplicaron los weblogsblogs o warblogs o bitácoras de guerra, donde los propios implicados dieron su punto de vista sobre un suceso. El nuevo modo de hacer periodismo, que utiliza Internet como fuente de información, se convirtió en la invasión de Irak en un medio de comunicación en sí mismo (Rubio, 2007: 27). Muchas personas anónimas se sirvieron del formato bitácora o blog para explicar lo que vivieron y hacerlo de manera inmediata. Algunos periodistas también vieron las ventajas que el nuevo medio les reportaba y decidieron viajar por su cuenta a Irak e informar de lo que estaba ocurriendo.

La Red permitió que gente formada narrara a través de esta plataforma los acontecimientos sin someterse a la censura ni la autocensura. Estos “warbloguers” relataron los hechos que experimentaron en primera persona recurriendo a fuentes de calidad. Dado que no se sometieron a la censura militar, tampoco lo hicieron a la censura del lenguaje del periodismo estandarizado de la pirámide invertida (Fuentes, 2010).

El  estudio se cierra con el día de la “rabia iraquí”, donde se analiza si prosigue la censura informativa con el periodista como parte de la gran maquinaria bélica, que salvo excepciones no suele ser soldado, o aquellos que fotografían en medio de la ofensiva y que dictan las crónicas al teléfono mientras los combates ocurren, “pero son los menos” (Sahagún, 1986: 282).

2. Metodología

El objetivo de esta investigación es conocer si existió censura informativa en las fuentes oficiales y militares durante la guerra del Golfo de 1991, la invasión de Irak de 2003 y el día de “la rabia” iraquí de 2011 a partir de un estudio cuantitativo y cualitativo entre las dos primeras contiendas y otro de contenido sobre la cobertura informativa del último. Para ello se analizan en total 64 informaciones entre los tres conflictos cuyos géneros periodísticos se desglosan de la siguiente manera: 50 crónicas de la guerra del Golfo y la Invasión de Irak, y 13 noticias y un reportaje durante el día de “la rabia” iraquí.

En la guerra del Golfo y la invasión de Irak, se elige la cobertura de Alfonso Rojo para El Mundo (323.587 unidades), uno de los periódicos de información general de mayor difusión de España (AEDE, 2010: 46-47). El trabajo de Rojo facilita la comparativa entre ambos conflictos [1]. Al contrario de lo que ocurre en 2011, donde no se puede hacer el seguimiento de las crónicas de un único periodista, pues tras un exhaustivo rastreo de medios nacionales e internacionales que incluyen la noticia sobre el altercado del 25 de febrero de 2011 en Irak, solo tres identifican al reportero (uno español y dos internacionales), cinco provienen de noticias de agencia y las seis informaciones restantes no mencionan la fuente de la noticia.

Para profundizar en las tendencias informativas de Alfonso Rojo en la guerra de 1991 y 2003, se elabora un análisis de contenido cuantitativo, técnica que goza de una continuada utilización en el ámbito de la comunicación, con el propósito de conocer la cantidad de fuentes de información oficiales utilizadas en el transcurso de la guerra del Golfo y la invasión de Irak. En ambos casos, se considera a las fuentes militares y diplomáticas dentro de las oficiales. Se analizan en total 50 crónicas. En concreto, 29 crónicas desde el 17 de enero y el 7 de marzo de 1991, donde recurre en 38 ocasiones a fuentes oficiales, y 21 entre el 19 de marzo y el 9 de abril de 2003, que cuentan con 26 fuentes oficiales.

Los resultados del estudio cuantitativo dan a conocer la tendencia del enviado especial respecto a las fuentes oficiales, donde se profundiza sobre las circunstancias que le llevan a emplear dichas fuentes y la fiabilidad de las mismas, teniendo en cuenta el grado de información que de ellas revela, entre otras circunstancias. Un estudio que proporciona unos resultados sistemáticos, objetivos y replicables de la información (García Galera y Berganza Conde, 2005: 31-34).

La segunda parte del trabajo se delimita mediante un análisis comparado de carácter cualitativo y sobre la censura que vive Alfonso Rojo en las dos contiendas. Estudio que se cierra con el análisis meramente descriptivo de las informaciones de 15 medios de comunicación, 6 nacionales: Abc, COPE, El Mundo, El País,  El Periódico, RTVE; y 9 internacionales: Diario Hoy, El Salvador, El Universal, IPS, Jornada online, La prensa.com, Reuters, Tele SUR y The Economist, sobre la manipulación que se encuentran los informadores que cubrieron los tres conflictos mencionados. De las valoraciones comparativas se extraerán los resultados generales para demostrar la hipótesis inicial sobre las dos décadas de censura informativa en Irak desde las fuentes oficiales y militares, manipuladas en beneficio de las partes enfrentadas.

3. Resultados 

3.1. Parcialidad informativa

Para conocer la posición que ocuparon las informaciones oficiales usadas por Alfonso Rojo en las guerras de 1991 y 2003 respecto al total de fuentes aparecidas en sus crónicas, se procedió a un análisis cuantitativo. La división de las fuentes se hizo  en tres bloques: oficiales (se incluyen las militares y diplomáticas), testigos presenciales y no presenciales (se incluye al reportero como testigo directo) y documentales (medios de comunicación). En el análisis cualitativo se considerarán las fuentes por separado. Los gráficos 1 y 2 presentan los porcentajes de cada uno de los recursos informativos usados en la guerra del Golfo y la invasión de Irak en función de la utilización por parte del periodista:

Gráfico 1. Recursos informativos en la guerra del Golfo, 1991

Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos

Gráfico 2. Recursos informativos en la invasión de Irak, 2003

Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos

Las fuentes oficiales se sitúan en las primeras posiciones, lo que demuestra la importancia de las mismas para Alfonso Rojo. En 1991, ocupa el segundo lugar, donde destacan los miembros de la embajada cubana, la española, la alemana, la norteamericana y rusa aparte de personal sanitario, entre médicos y enfermeras, del régimen castrista. El estudio presenta un cambio en la tendencia del reportero respecto a la guerra del Golfo, pues en la invasión de Irak de 2003 recurre en primer término a las fuentes oficiales con un 61% de ocasiones, esta vez con el predominio de la información de la coalición mientras que las fuentes oficiales usadas por Alfonso Rojo en 1991 pertenecieron al bando aliado y al iraquí, aunque destacaron las segundas.

Tanto en la guerra del Golfo como en la invasión de Irak, el periodista se sirvió de informaciones militares de un bando u otro de la guerra en función de su proximidad al mismo. En el Golfo, apenas recurrió a los informadores militares de la coalición debido, entre otros motivos, a la estricta vigilancia de los guías del Ministerio de Información hacia los periodistas occidentales. Del mismo modo, la permanencia en el hotel al Rachid tampoco le permitió desplazarse con libertad entre las filas del ejército.

Durante el estudio de las 50 crónicas, se confirma su tendencia por las fuentes de oficiales, que en el caso del Golfo provinieron del Ministerio de Información iraquí y en la invasión, del bando aliado. El predominio en la utilización de unos u otros informadores viene marcado entre otros motivos por las escasas opciones de los reporteros desplazados en Bagdad y al alto número de iraquíes relacionados de una u otra forma con el Gobierno de Sadam Husein, en 1991, y a la gran cantidad de periodistas que acompañaron al ejército de la coalición en 2003. La constante presencia de los funcionarios iraquíes fue explotada por el periodista para exponer las prohibiciones y obligaciones que impusieron los miembros del Ministerio de Información a los periodistas extranjeros. En las contiendas de 1991 y 2003 se aprecia la parcialidad informativa impuesta desde los gobiernos y ejércitos enfrentados, que supusieron las únicas fuentes a las que pudo recurrir el periodista. De este análisis cuantitativo se concluye que la información trasladada a través de las fuentes oficiales y militares como única opción posible ayudó a la difusión de la propaganda bélica de unos y otros acotando la imparcialidad informativa.

3.2. Identificación deficiente

Del estudio comparativo sobre la cobertura de Alfonso Rojo en la guerra de 1991 y la invasión de Irak de 2003 se desprende la ausencia de identificación de las fuentes oficiales y militares. A la hora de citarlas el periodista suele obviar el nombre y apellidos o el cargo exacto, se suele limitar a señalar: “El Gobierno iraquí asegura” o “me asegura un alto funcionario iraquí”. También tiende a nombrar constantemente a sus fuentes oficiales como “altos funcionarios” o, en otras ocasiones, a reproducir  en sus crónicas los comentarios de las fuentes. Cuando sus informadores aportan declaraciones relevantes en la evolución de los acontecimientos, omite la identidad de las fuentes noticiosas. En una ocasión, incluye las declaraciones de un “experto” de la embajada rusa que le exige “total anonimato”. Lo mismo ocurre en la crónica del 2 de marzo de 1991, donde cita a un “diplomático extranjero en Bagdad”. Otro ejemplo se da cuando se encuentra en la puerta de la embajada cubana con “un funcionario con una bolsa verde” que, al no matizar su identidad, podría tratarse de un trabajador de la embajada o de otro cargo.

Las fuentes militares acusaron el secretismo y la dependencia al igual que las oficiales, lo que hizo que muchos medios se limitasen a incluir en sus artículos la expresión “según fuentes militares”. La escasez de datos se debió a la dificultad del periodista a la hora de corroborar la veracidad de las fuentes y el origen de los rumores en medio del conflicto.

La omisión de la identidad de muchas de las fuentes militares, donde en escasas ocasiones aparecieron los datos del informador, hizo que Alfonso Rojo tuviese que asegurar a través de sus crónicas que entrevistaba a altos cargos como “un militar con la insignia de los paracaidistas en la hombrera”. Del mismo modo, en la contraportada del 3 de febrero de 1991, el periodista recurre al mando militar iraquí sin citar los datos de la fuente que transmite la información, al igual que en la contraportada del 5 de febrero, donde inserta la entrevista de uno de los tres militares que vigilaba la embajada española en Bagdad. Casos en los que deja al descubierto el escaso rigor de esas informaciones.

A pesar del predominio por las fuentes militares no identificadas, el corresponsal especifica los datos de algunos informadores militares, aunque en menor medida, como hace el 1 de marzo de 1991, donde cita a los agregados militares soviéticos en la ciudad de Bagdad: el general Filatov y el coronel Victor Pazaluk.

“Desde que comenzó el conflicto las informaciones y sobre todo los pronósticos del coronel Pazaluk, un profesional con más de veinte años de experiencia en la zona, han sido mucho más exactos y acertados que los erráticos vaticinios del general Filatov. Cuando el general auguraba una guerra larga y un posible empate militar, el coronel aseguró rotundo que la batalla estaría decidida en menos de cinco días, como efectivamente ocurrió”.

En el resto de las informaciones, Alfonso Rojo identifica las fuentes militares por su procedencia. Un ejemplo se recoge en la crónica del 2 de marzo de 1991, cuando menciona a “expertos militares soviéticos” y, más adelante, califica a su fuente como la mejor informada de los expertos militares extranjeros en Bagdad. Afirmaciones no demostradas y fuentes no identificadas que inciden en la parcialidad informativa observada.

3.3. Censura en las fuentes

Sobre el terreno, la censura y el control de la información en la guerra del Golfo comenzaron a aplicarse en dos sentidos. En primer lugar, limitando y especificando qué tipo de datos podían ser difundidos y cuáles no. En segundo lugar, controlando a los periodistas. Alfonso Rojo explica a sus lectores cómo el régimen iraquí entregaba comunicados oficiales a la prensa sin explicar dónde se habían hecho públicos, simplemente se limitaba a transcribir las declaraciones oficiales sin contrastarlas por otras fuentes de información.

El periodista aprovecha sus crónicas para trasladar las decisiones que tomaban las fuentes oficiales que le pudieran afectar. Un ejemplo se da en la información del miércoles 6 de marzo de 1991 cuando relata cómo los funcionarios del Ministerio de Información avisan a los periodistas extranjeros que iban a ser expulsados. De igual forma, traslada a los lectores el incesante seguimiento de los guías del Gobierno iraquí hacia los periodistas occidentales o transcribe los diálogos que mantuvo con los miembros del Ministerio de Información.

En el lado iraquí, la censura informativa parte de los miembros del Ministerio de Información que acompañaban a los reporteros denominados minder que dependían directamente de Naji Hadizi, el jefe supremo, y en segunda instancia de Sadún al Janabi, jefe de dicho ministerio. Entre ellos confluyeron varias categorías divididas básicamente en tres grupos: Los intérpretes del Ministerio, los periodistas procedentes de Bagdad Observer y los agentes de la Inteligencia.

Los enviados especiales que visitaron Irak presenciaron las manipulaciones del gobierno iraquí. Cada mañana, miembros del Ministerio de Información alentaban a los enviados extranjeros a asistir a las manifestaciones “espontáneas” de civiles iraquíes contra las sanciones [2]. Estas tácticas fueron orquestadas por al Janabi, encargado de reunir a los reporteros y pedirles en más de una ocasión que cooperasen con ellos para obtener más facilidades [3].

El jefe del Ministerio de Información iraquí se vanagloriaba de contar con gente de habla inglesa, francesa, española e incluso turca. Dejaba claro que no iban a permitir que ninguna crónica salida de tono pudiera ser enviada y divulgada por medios extranjeros. Además bajo un programa previo indicaba a los periodistas dónde se iban a dirigir, con quién podían hablar, en muchas ocasiones, cómo deberían enfocar sus crónicas o directamente respondían por los civiles [4].

Cuando el periodista lograba despistar a los miembros del Ministerio de Información iraquí y preguntar a algún civil cómo veía la situación o qué pensaba del ambiente político de su país, en la mayoría de los casos se limitaba a repetir las ideas que el régimen le había inculcado incesantemente. En este sentido, la censura partió de las fuentes puesto que, los corresponsales sometieron todos sus mensajes al control de las fuerzas destacadas en la zona o de su gobierno, que monopolizó las comunicaciones, debido a la tendencia al secretismo de los ejércitos.

La propaganda en tiempos de guerra partió de ambos lados en la guerra del Golfo y la invasión de Irak mediante tácticas muy diversas como las historias selectivas, los hechos o contextos históricos parciales, las razones y motivaciones que empujen a la acción como reacción ante amenazas a la seguridad del individuo. También pueden surgir de fuentes limitadas de “expertos” que den perspectivas de la situación. Por ejemplo, los medios convencionales recurren a entrevistas con personal militar retirado para muchos temas relacionados con conflictos, o tratan declaraciones de las fuentes oficiales del gobierno como si fueran hechos, en vez de decir que se trata de una sola perspectiva que aún debe ser verificada e investigada.

El medio a través del cual se podía burlar la censura en la invasión de Irak y el levantamiento iraquí fue Internet, que se impuso a los demás medios. Por este motivo, se multiplicaron los weblogs, blogs o warblogs o bitácoras de guerra, donde los propios implicados dieron su punto de vista sobre un suceso.

Una bitácora de guerra muy visitada durante la invasión fue “Dear Raed”, ubicada en www.dearraed.blogspot.com. Este blog aparecía firmado por Salam Pax que se identificaba como arquitecto de veintinueve años residente en Bagdad. Su diario describió con gran precisión lo que ocurría cada día desde los bombardeos hasta la odisea para conseguir pan [5]. Destacó también la página personal “Bagdad Burning”, que se encuentra en http://riverbendblog.blogspot.com, de una ciudadana iraquí que se mantuvo en el anonimato dándose el nombre de Riverbend con el fin de “sentirse libre para escribir”. Su bitácora tuvo tal repercusión e interés que dio origen al libro “Bagdad en llamas. El blog de una joven de Irak”. Las informaciones de estas dos bitácoras, entre otras, contrarrestaron en algunos casos los datos provenientes de los comunicados oficiales y militares [6].

La ausencia de censura previa para los creadores de los warblogs y su accesibilidad influyeron en el interés de algunos lectores hacia estas páginas en lugar de recurrir a los medios tradicionales sobre todo por acceder, en algunos casos, a una fuente informativa que podría encontrarse en el lugar de los hechos.

 3.4. Manipulación de los hechos

El control de las transmisiones de los medios de información durante la guerra del Golfo fue continuo. En febrero de 1991, el Estado Mayor de los aliados impuso la censura de todo lo que se transmitía por razones de seguridad. La censura informativa hizo que las averiguaciones que se obtuvieron durante la guerra fueran contradictorias o falsas, y en su mayoría inciertas.

El peligro en forma de censura al cual estuvo sometido el periodista a la hora de enviar las crónicas podría reducirse si se emplease la creatividad e imaginación para remitir las informaciones a sus medios de comunicación. Sin embargo, la ausencia de ideas para burlar la férrea censura militar durante las tres guerras en Irak provocó un fiasco comunicacional. Estos defectos son recibidos por la opinión pública como una miseria informativa sin precedentes en los tres conflictos iraquíes.

Aquellos que informaron sobre cualquier expresión de escepticismo en relación con las afirmaciones de los militares de uno de los bandos fue causa de una crítica en la guerra del Golfo, la invasión de Irak o el día de “la rabia” iraquí. Estos periodistas fueron acusados de haber pasado a uno de los bandos como le ocurrió a Alfonso Rojo, quien tras su cobertura informativa de 1991 le impidieron regresar a Bagdad, por lo que tuvo que desplazarse al kurdistán iraquí para informar de la invasión de Irak de 2003. Cambio de ubicación que repercutió en la información final. La censura de los miembros del Ministerio de Información dificultó la tarea periodística de Alfonso Rojo en 1991 y de los reporteros el día de “la rabia” iraquí de 2011, que fueron golpeados y detenidos, a diferencia de lo que le ocurrió al corresponsal de El Mundo en 2003 desde territorio kurdo, donde trabajó con total libertad.

Mientras los grandes poderes imponían la censura a los medios de comunicación, los propios militares tuvieron que estar pendientes del flujo informativo para saber qué debían hacer en el campo de batalla. El caso más palpable de Estados Unidos se dio en el Pentágono. Una de las informaciones que se filtró a la prensa fue la prohibición de Estados Unidos de fotografiar la llegada de más de 3.500 féretros con los soldados muertos en la guerra del Golfo [7].

La manipulación fue evidente en los tres conflictos y sirvió a los respectivos gobiernos para convencer de determinadas acciones a corto plazo. Una vez finalizada la guerra del Golfo y la invasión de Irak, las propias fuentes militares occidentales destaparon muchas de las mentiras utilizadas a modo de estrategia en beneficio de sus propios intereses. La deficiencia informativa durante el conflicto del Golfo se debió más que a la censura a la falta de especialización bélica de determinados profesionales, según algunos teóricos. Esta carencia hizo que los periodistas actuasen en base a las mismas creencias estereotipadas imperantes en las audiencias convencionales, sin profundizar en los mensajes que suministraron [8].

 3.5. El riesgo de informar

El estricto control estatal al que estuvieron sometidos los periodistas durante el régimen de Saddam Hussein prosigue en 2011. Los reporteros asumen más riesgos de morir en las zonas donde se enfrentan las fuerzas internacionales con las milicias iraquíes. El 25 de febrero, día de “la rabia iraquí”, numerosos informadores fueron detenidos y agredidos, especialmente aquellos que portaban cámaras. Una estación de televisión que contaba con numerosos camarógrafos fue saqueada por las fuerzas de seguridad. En total, 22 manifestantes y un policía han muerto en el movimiento de contestación que se inició a comienzos de febrero en Irak, y que culminó el 25 de febrero con la jornada de “la cólera” y manifestaciones en unas veinte ciudades iraquíes. Dos días después, más de 20 periodistas iraquíes protestaron por la violencia contra los medios de comunicación que cubrieron las manifestaciones. Represión permanente por parte de las fuerzas de seguridad a los medios de comunicación que coarta la posibilidad de hacer su trabajo.

La situación de la prensa en este país dio un giro tras la aprobación en agosto de la Ley de Protección de Periodistas por el parlamento iraquí promovida por el Sindicato de Periodistas. Supone un triunfo histórico para los derechos de la prensa en este país que, sin embargo, no logra disminuir la presión hacia los informadores. La organización que reúne a unos 15.000 trabajadores del sector no convence al Comité de Protección de Periodistas (CPJ, siglas en inglés), Article 19 y al Observatorio de Libertades Periodísticas iraquí, quienes coinciden en criticar la falta de precisión del texto y en la amenaza que supone para los trabajadores que se propone proteger.

Un país que por cuarto año consecutivo es el lugar más peligroso para los periodistas, en base al índice de Impunidad que elabora el CPJ calcula la cantidad de periodistas asesinados en función de la población de un país [9]. Peligro que sumado al malestar de la población iraquí hacia sus líderes políticos animó a que el movimiento bautizado “la revolución de la ira iraquí” convocase a través de Facebook a manifestarse para exigir “el cambio, la libertad y una democracia verdadera” y pidió a las fuerzas de seguridad “proteger” a los manifestantes. Exhortó a los electores a gritar en las calles su decepción a sus representantes electorales, un año después de las legislativas de 7 de marzo. De las 14 piezas informativas seleccionadas, solo cuatro hablan de las presiones a las que estuvieron sometidos los medios y el uso excesivo de la fuerza por parte de las autoridades iraquíes, que hirieron a numerosos periodistas, entre ellos un camarógrafo de la cadena iraní Al alam, que resultó herido en circunstancias imprecisas. Los 10 restantes analizan la falta de movimiento, ya que la circulación quedó prohibida en el conjunto de las provincias al norte de Bagdad que no pertenecen a la región autónoma de Kurdistan, entre otras circunstancias derivadas de la revuelta iraquí del 25 de febrero, sin detenerse en la situación vivida por los medios de comunicación en el terreno.

Gráfico 3. Medios de comunicación analizados en 2011

MEDIO

ÁMBITO / UBICACIÓN

Abc Nacional/ España
Cope Nacional/ España
El País Nacional/ España
El Periódico Nacional/ España
RTVE Nacional/ España
Diario Hoy Internacional/ Argentina
El Salvador Internacional/ El Salvador
El Universal Internacional/ Caracas, Venezuela
IPS Internacional/ Uruguay
Jornada online Internacional/ Mendoza, Argentina
La prensa.com Internacional/ Nicaragua
Reuters Internacional/ América Latina
Tele SUR Internacional/ Latinoamérica
The Economist Internacional/ Estados Unidos

 

Fuente: Elaboración propia

4. Conclusiones

De los resultados de los análisis cuantitativos y cualitativos se desprende que se dio una manipulación en las fuentes oficiales y militares tanto en la guerra del Golfo de 1991 como durante la invasión de Irak de 2003. En el transcurso del trabajo de Alfonso Rojo en Bagdad en 1991 abundaron las informaciones oficiales transmitidas mediante conferencias o comunicados de prensa desde el Ministerio de Información iraquí y en la invasión de Irak de 2003, lo hicieron las proporcionadas por el ejército de la coalición o el Pentágono. En las crónicas de Alfonso Rojo donde predominaron las fuentes oficiales o militares se convirtieron en plataformas al servicio de los intereses bélicos. Esta ausencia de informaciones contrastadas hizo que el periodista actuase como un mero altavoz de sus proclamas.

Con el análisis de la identificación de las fuentes, se percibe de forma significativa el encubrimiento de los informadores en las crónicas del Golfo y la invasión de Irak. Se encuadra, por tanto, como otro de los elementos de censura informativa al servicio de las fuentes oficiales y militares que, de nuevo, promueven la manipulación de la información. Esta coerción informativa impide al lector hacerse una idea del alcance de las declaraciones publicadas, que solo sería posible si  se conociera la identidad de la fuente de información. La identificación de las fuentes, uno de los debates más controvertidos en el periodismo, facilitaría la comprensión y credibilidad de las noticias, aspecto que no se dio ni en el Golfo ni en Irak.

En lo que respecta al estudio comparativo entre la guerra del Golfo de 1991, la invasión de Irak de 2003 y la cobertura informativa el día de “la rabia” de 2011, se confirma cómo el gobierno iraquí sigue sin ansiar una prensa independiente. Los datos de esta investigación permiten apuntar de forma clara cómo las presiones a los medios de comunicación en 2011 se incrementan. El gobierno iraquí recurre a la violencia, las amenazas y la justicia politizada para callar a los periodistas. Circunstancias que agravan el riesgo de informar en el país iraquí y confirman la hipótesis inicial sobre los veinte años de censura informativa impuesta en Irak a los periodistas que trabajan bajo un estricto control estatal.

Por todo ello, debe concluirse que dentro de la denominada “Primavera árabe” ya se aprecia la censura informativa hacia los reporteros por parte de las autoridades iraquíes a pesar de que no se estilaron las crónicas independientes sobre la protesta iniciada el 25 de febrero de 2001 en Irak. En el noventa por ciento de los casos, las informaciones parten agencias que se limitan a explicar el conflicto y que apenas dan cobertura a la situación de los periodistas. Pero si la historia se repite, a largo plazo se destaparán de nuevo las tácticas usadas en perjuicio de los hechos noticiosos por parte de las fuentes oficiales y militares como ya ocurrió en los conflictos de 1991 y 2003. De momento, la intimidación a los periodistas es un hecho.

5. Bibliografía

Asociación de Editores de Diarios Españoles (2010): Libro Blanco de la Prensa Diaria 2010. Madrid: AEDE.

Aguilar, S. y Zeller, C. (1991). “Los expertos entran en escena: tecnologías mediáticas para situaciones de crisis”, en Manuel Vázquez Montalbán, Salvador Aguilar, Luis Alberto Chillón Asensio, y otros,  Las mentiras de una guerra (Desinformación y censura en el conflicto del Golfo, pp. 67-94

Arrivillaga, E. (2005). Irak: Internet es el arma de acción psicológica de la nueva guerra. Harry Comunicaciones. Dirección electrónica: www.harrymagazine.com.

Boyd-Barrett, O. (1977). Media Imperialism: toward and international framework for the análisis of media systems. J. Curran, M. Gurevitch y J. Woolacott (eds). Mass Communication and Society, Arnold, Londres.

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6. Notas

[1] Alfonso Rojo cubrió otros conflictos bélicos como: Nicaragua, Salvador, Afganistán, Líbano, Filipinas, Rumanía, Sudáfrica o la Unión Soviética. El periodista abandona El Mundo el 27 de diciembre de 2004, tras quince años en el diario, debido  a discrepancias con la dirección.

[2] En una ocasión, hombres y mujeres desfilaron por las calles transportando ataúdes que supuestamente contenían los cuerpos de los niños que acababan de morir. Cuando Robert Fisk les pidió ver el interior de las cajas de madera, le explicaron que la protesta era simbólica, que los ataúdes sólo simbolizaban a los muertos. Y, sin embargo, los muertos eran reales, puntualiza el periodista (2005: 973).

[3] Los funcionarios daban indicaciones muy precisas a los periodistas a la hora de escribir sus crónicas: “Punto número 1: no se pueden pasar informaciones sobre los daños sufridos por instalaciones estratégicas. Punto número 2: queda prohibido incluir datos logísticos importantes. Punto número 3: antes de enviar, es imprescindible que nos enseñen sus crónicas” (Rojo, 1991: 137).

[4] El Irak, una idea propia supone años de propaganda única. Ramón Lobo indica que “una sombra le acompañaba al mercado árabe de Al Shorja para traducir la versión oficial. ‘¿Cómo va la vida?’, pregunto a Hadil, un vendedor de baratijas, y él contesta con un monosílabo y el superagente se empeña en desgranar toda una retahíla sobre los efectos del embargo internacional… ‘¿Seguro que ha dicho eso?’” (1999: 177-ss).

[5] Pax fue acusado en la Red de ser un instrumento de la propaganda americana, de lo que siempre se defendió afirmando que era un personaje real.

[6] Riverbend sufrió el intento de plagio de su página o las críticas constantes sobre su veracidad. La primera reacción era: “‘Estás mintiendo; no eres iraquí’. ¿Por qué no soy iraquí? Bueno, porque, a) Tengo acceso a Internet (los iraquíes no tienen Internet), b) Sé cómo usar Internet (los iraquíes no saben lo que es un ordenador) y c) Los iraquíes no saben hablar inglés (debo de ser Liberal) (2006: 32).

[7] El Estado Mayor autorizó la transmisión de imágenes vía satélite solamente a la CNN. Los demás medios se limitaron a actuar como repetidores de esta cadena.

[8] La guerra transcurrió como lo hicieron las de principios de siglo: “prohibiendo a los periodistas aproximarse a los frentes y dar testimonio de lo que en ellos sucedía” (Leguineche, 1998: 225).

[9] Las principales críticas se concentran en la acotada definición de periodista de tiempo completo y de trabajador registrado en medios de comunicación así como la vaguedad de artículos que señalan que no se puede dificultar ni cuestionar el trabajo de un periodista así como tampoco detener al profesional si trabaja de acuerdo con la ley (IPS, 2011).

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Breve currículum de la autora

Rosana Fuentes es Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas y Doctora en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Colaboradora Honorífica del Departamento de Periodismo I de la UCM desde 2004. Tiene experiencia profesional en Periodismo y Relaciones Públicas. Destacan sus trabajos en Pool Comunicaciones, Bierzo 7eresMasEfe, SEPLA, El Pueblo de Albacete o Periodista Digital. Su investigación y su docencia están vinculadas a las áreas del Periodismo, las Relaciones Internacionales y las Relaciones Públicas. Pertenece al grupo de investigación “El periodismo como espacio creativo en Aragón, del papel a la Web 2.0: Técnicas y estrategias narrativas en el periodismo de autor”, reconocido como grupo emergente por el Gobierno de Aragón.

Rosana Fuentes

Facultad de Ciencias de la Comunicación

Universidad San Jorge (USJ)

Campus Universitario Villanueva de Gállego

Autovía A-23 Zaragoza-Huesca Km. 299

CP: 50.830, Villanueva de Gállego (Zaragoza)

Tef: +34 976 060 100

Fax: + 34 976077584

Email: rfuentes@usj.es

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Forma de citar este artículo en las bibliografías

Rosana Fuentes Fernández (2012): “Veinte años de censura oficial y militar en Irak”, en Miguel Hernández Communication Journal, 3, páginas 20 a 35. Universidad Miguel Hernández, UMH (Elche-Alicante). Recuperado el __ de ____________ de 20__ de: http://mhcj.es/2012/02/29/rosana_fuentes/

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