Miguel Hernández Communication Journal | nº 4 | Año 2013

‘Kapuscinski non fiction’: ¿la clave de una biografía?

In MHCJ nº 1 (2010) on 2 octubre, 2010 at 12:59

Elzbieta Binswanger-Stefanska

Periodista y publicista (Cracovia)

MHCJ nº1 /2010/Art.nº 11 (pdf)

La biografía (no autorizada) del periodista polaco Arthur Domoslawski se edita este otoño en castellano. Elzbieta Binswanger-Stefanska, ha escrito este artículo-crítica sobre ‘Kapuscinski Non-Fiction’, el controvertido libro de Domoslawski que la autora critica abiertamente.

MHJC / ISSN 1989-8681 / Creative Commons / Nº 1 (2010), artículo 11,  págs: 222-229

Kapuscinski non fiction: ¿La clave de una biografía?

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Kapuscinski non fiction: The key to a biography?

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Dña. Elzbieta Binswanger-Stefanska

Periodista y publicista (Cracovia)

Resumen: La biografía (no autorizada) del periodista polaco Arthur Domoslawski se edita este otoño en castellano. La periodista y publicista polaca, Elzbieta Binswanger-Stefanska, ha escrito para MHCJ este artículo-crítica sobre ‘Kapuscinski Non-Fiction’, el controvertido libro de Domoslawski que la autora critica abiertamente. Dicha crítica se sustenta en un estudio riguroso sobre la mencionada obra de Domoslawski, periodista de renombre en Polonia y que en otros tiempos fuera discípulo de Kapuscinski.

Abstract: Biography (unauthorized) of the Polish journalist Arthur Domoslawski is published this fall in spanish lenguague. Polish journalist and publicist, Elzbieta Binswanger-Stefanska, has written this article MHCJ-critical ‘Kapuscinski Non-Fiction’, the controversial book that the author criticizes Domoslawski openly. That criticism is based on a rigorous study on the above work Domoslawski, renowned journalist in Poland and who once was a disciple of Kapuscinski.

Palabras clave: Kapuscinski, Domoslawski, biografía, crítica

Key words: Kapuscinski, Domoslawski, biography, critical

“En Kapuscinski ven a un hombre que explica el mundo basándose en una auténtica experiencia personal acompañada de humildad, enormes e incansables ganas de comprender y una absoluta libertad interna”, escribió Artur Domoslawski en junio de 2005 en el artículo “Kapumania, kapumafia”[1] (Kapumanía, kapumafia), publicado en Gazeta Wyborcza (a Ryszard Kapuscinski le quedaba todavía un año y medio de vida).

Cinco años más tarde (Kapuscinski falleció en 2007) en la biografía Kapuscinski non-fiction escrita por Domoslawski, leemos: “Paradójicamente, esta confirmación de la versión de Kapuscinski sonó para mí como… una rotunda negación”. Domoslawski no declara abiertamente que Kapuscinski mintió, pero lo dice de tal modo que se hace precisamente esta lectura. Veamos una reacción cualquiera de la prensa internacional: “¿Agente comunista y embustero? El gran escritor y periodista al desnudo en su biografía”, escribe Le Soir.

Hace ya más de un mes que se desató un acalorado debate sobre la biografía Kapuscinski non-fiction y, en medio de todo este alboroto, yo sigo notando esa sensación de vacío en el estómago y echando en falta la voz más importante, la del protagonista de esta trifulca, la de Ryszard Kapuscinski. Él mismo debería pronunciarse –desde el más allá, desde una perspectiva totalmente nueva, desde la distancia segura de “qué significa todo esto comparado con la eternidad”– sobre su biografía. Y no para defenderse, justificarse o lavar su imagen; simplemente para dar su opinión. Me gustaría oír su parecer sobre la mentada biografía, sobre su autor, sobre el debate… De la misma manera que durante toda su vida se pronunció acerca de diversos asuntos, incluyendo libros, y su opinión, aun si yo no estaba de acuerdo con él, era competente y verosímil (si lo dice él, es que piensa exactamente así). ¿Cree que su biografía póstuma se acerca a la verdad? ¿Está escrita con “empatía y simpatía”, tal y como asegura su autor? ¿Sigue sintiéndose su amigo? Recordando la máxima de Heródoto: “Es menester contar siempre con el fin” y, a diferencia de nosotros, sabiendo ya, por su nueva perspectiva, cuál será el fin de los fines, ¿piensa que es positivo que se haya escrito esta biografía?, los lectores, que lo conocerán a través de ella, ¿harán una lectura más auténtica de sus libros?

En el debate sobre el libro de Domoslawski en la Universidad de Varsovia participó Jerzy Nowak, uno de los amigos más próximos de Kapuscinski. Elogió el libro por su multidimensionalidad, por presentar al Kapuscinski-hombre y no al Kapuscinski-mito, pero a la pregunta de si creía que Kapuscinski habría recibido la biografía con comprensión, contestó que, según su opinión, “para Kapuscinski habría sido un trauma”. Sin embargo, añadió que su amigo se habría retirado a un rincón perdido, lejos de toda aquella polvareda que se había levantado en torno a su vida, y habría reflexionado sobre el lado positivo, porque se podía decir mucho de él, pero estaba vacunado contra las reacciones irracionales. ¿Así que se podría esperar que reaccionaría a este percance como a todo, simplemente con sabiduría? Entonces, ¿de dónde viene ese trauma?

En el ya citado artículo “Kapumania, kapumafia”, escrito con motivo de la concesión a Kapuscinski del grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad Ramon Llull de Barcelona, Artur Domoslawski recuerda que un tiempo atrás “los jefes del instituto de democracia y derechos humanos más importante de Bogotá estaban tramando seriamente cómo atraer a Kapuscinski para que visitara Colombia por un periodo de seis meses. Durante dicha estancia sería testigo de la guerra civil, que sufre Colombia desde hace casi medio siglo, y después escribiría sobre aquella experiencia un reportaje, ensayo o libro. Era para ellos sumamente importante que se pronunciara, que viera lo que los mismos colombianos, desde dentro, quizás no llegaban a atisbar. Que les ayudara a ellos y al mundo a comprender el drama de este país”.

Pues ahora yo también quisiera comprender por qué Domoslawski escribió así sobre la vida de Kapuscinski. ¿Por qué hizo un esfuerzo ímprobo para tejer un opulento, colorido y carnoso tapiz multitrama sobre una urdimbre tan débil, por no decir podrida? Precisamente de esta manera y no de otra diferente. Lo que no quiere decir, en absoluto, que lo “de otra” tuviera que ser “de rodillas”. A las acusaciones de proponerse desenmascarar a Kapuscinski, Domoslawski responde, repitiendo una y otra vez, como un disco rayado, que no le interesaba escribir una nueva hagiografía. Sin embargo, entre lo que escribió y una hagiografía cabe todo un abanico de posibilidades. Si hubiese escrito una hagiografía, yo habría sido la primera lectora que no la hubiese avalado. Afirmando que la gente esperaba una hagiografía, Domoslawski ofende su (mi) gusto literario.

¿Por qué durante todo este tiempo, tras haber leído tantas críticas de la biografía que fácilmente podrían componer un mazacote no menos pesado que ella misma –y con todo tipo de valoraciones–, se contradicen de forma tan violenta las afirmaciones del autor sobre su sentimiento de amistad hacia su protagonista con lo que sentía yo leyendo este libro y con lo que sigo sintiendo al escuchar las nuevas declaraciones de Domoslawski? ¿Por qué no le creo? Sin lugar a dudas, no es porque me derribó del pedestal a una leyenda, puesto que Kapuscinski nunca ha sido una leyenda para mí. De hecho, ¡no sé de dónde ha surgido la idea de esta leyenda! Es cierto que era uno de los reporteros más apreciados del mundo, es cierto que “le llevaban en palmitas” (como escribe Domoslawski en “Kapumania…”), es cierto que se le escuchaba con un debido respeto, dado que era un hombre sabio como pocos, pero esto no significa, ni mucho menos, que fuera intocable, que su imagen fuera acaramelada, falseada, que, por lo tanto, era absolutamente necesario quitarle el lustre al bronce.

Porque, en efecto, en su retrato del “maestro”, Domoslawski no (me) dijo nada nuevo. El tema de su “cartera”[2] estalló justo después de la muerte de Kapuscinski. ¿Estaba “implicado”, como se suele decir, en asuntos políticos del régimen comunista? Yo no lo percibo como una “implicación”; después de la guerra, mucha gente se posicionó del lado del comunismo, entre ellos mi padre. En aquellos tiempos esa postura se consideraba progresista; mi padre la abandonó muy rápido, pero había visto mucho más y antes (era 13 años mayor que Kapuscinski). ¿Que su vida estaba marcada por unos u otros asuntos personales? ¿Y quién no los tiene? ¿Que creaba su leyenda? Si su leyenda crecía, era fomentada por otros, él, más bien, se defendía de ella. ¿Que mentía? ¿Qué contaba fábulas? ¡Eso es! ¿Mentía? ¿Coloreaba? ¡Ésta es la cuestión!

En la entrevista concedida a El País[3], leo: “… el autor de la polémica biografía del reportero recuerda que Kapuscinski alardeaba ante él de haber concedido más de mil entrevistas”. ¿“Alardeaba”? ¿Tal vez “se alegraba”? ¿Tal vez “se asombraba”? ¿Tal vez, simplemente “dijo”, “constató”? ¿De dónde viene esa retórica cargada de negativismo? ¿Por qué “alardeaba”? ¿Por qué Domoslawski cita a alguien quien dice que Kapuscinski “guisaba” sus noticias? ¿Por qué afirma que su amigo “se metía” en África, en vez de decir que sencillamente “iba” porque sentía curiosidad por ese continente?

¿Por qué sobre las mujeres de Kapuscinski no dice (si tiene que decirlo) que las había, sino que especifica: “En la Reina pudo convertirse la secretaria, la dependienta, la universitaria, la intelectual, la poetisa, la reportera, la traductora, la correctora, la redactora, la censora, la conspiradora… En el amor no existen barreras ni fronteras, el amor está por encima de clases sociales y profesiones, por encima de colores (rubias, morenas), medidas (altas, bajas, delgadas, rollizas), experiencias (más jóvenes y no tan jóvenes), estados civiles (solteras, casadas, divorciadas)”? En una palabra, ¿¡todo lo que se mueve excepto el erizo y el reloj!? ¿Son palabras de un amigo? ¡No es que sólo traiciona a su amigo, sino cómo le traiciona! ¡Y de nuevo esta extraña retórica desagradable, con afán de poner al desnudo, de humillar y menoscabar! Y todo esto lo tiene que escuchar (públicamente) la esposa de Kapuscinski con la que Domoslawski aparentemente tenía amistad. ¡Todo esto contradice las declaraciones de Domoslawski sobre amistad, empatía y simpatía!

Y no soy la única que tengo esta percepción. La editorial Znak, que había encargado el libro, no lo publicó, argumentando: “… al interpretar los comportamientos de Kapuscinski, el autor constantemente descubre en ellos debilidades ocultas: miedos, oportunismo, excesivo anhelo de fama, etc. Mientras, en nuestra opinión, se debería por lo menos, cumpliendo con la objetividad, presentar también en muchos de los casos aclaraciones más favorables para Kapuscinski…”. La biografía fue publicada por la editorial Swiat Ksiazki en una atmósfera de escándalo, lo que no le impide a Domoslawski seguir con las aseveraciones sobre el afecto que siente por su maestro, pasando por alto las fuertes disonancias (incluso un requerimiento legal por parte de Alicja Kapuscinska).

¿Por qué? ¿Dónde buscar la clave? ¿Está en alguna parte? ¡Yo creo que sí! La clave de toda esta nada empática biografía está en un pequeñito fragmento:

(pág. 269 de la edición polaca):

***

[Kapuscinski a Domoslawski:]

—¡No has escrito lo más importante!

Cuando a finales de los noventa, escribí un díptico sobre la Teología de la Liberación para Gazeta Wyborcza, después de la publicación de la primera parte me llamó Kapuscinski con una reprimenda de amigo.

—Te concentras en polémicas internas de la Iglesia y no dices que la Teología de la Liberación era la expresión de la emancipación de la clase media baja en Latinoamérica: profesores, pequeños comerciantes y empresarios, universitarios y obreros… Sin ellos la Teología de la Liberación no hubiera sido más que una disputa doctrinal de la que ni en aquel entonces ni hoy nadie se hubiera acordado. ¿Te da tiempo para añadirlo en la segunda parte?

—Por supuesto, maestro.

***

Durante toda la lectura del libro mi subconsciente me susurraba que hay algo en él que rechina. Como si alguien desafinara en una orquesta muy bien compenetrada. Al parecer el resto de los músicos puede taparlo, al parecer no todo el público es capaz de oírlo; sin embargo, para unos oídos expertos es obvio que la pieza en su totalidad suena falsa si en el conjunto orquestral hay un instrumento que desentona. Y yo ya no escuchaba la totalidad de la pieza sino que intentaba pescar ese tono falso. Así hasta toparme con el fragmento citado. Aquí pude oír cúal de los instrumentos discordaba. Eso me recuerda la intrincada historia de Salieri y Mozart (la de la obra teatral de Peter Schaffer Amadeus, y no la real). Mozart es Kapuscinski; Salieri, Domoslawski. Parece que uno admira al otro, pero en realidad uno no llega a la altura del otro, uno tiene celos del otro. Y el que no está a la altura es consciente de ello, y el otro intenta ayudarle a subir, una y otra vez, e, ingenuamente, no advierte la envidia. Aunque, a veces, se irrita.

Supongamos que al conocer a Domoslawski, Kapuscinski se habrá alegrado de encontrar a alguien que pudiera continuar su trabajo, a alguien que entendiera el mundo de manera parecida. Pero en el curso de diversas discusiones y polémicas, muy pronto se percató de que no era lo que esperaba. Que Domoslawski no le llegaba a los talones (y a fin de cuentas, no puede ser por casualidad que ni un solo libro de Domoslawski esté traducido a ninguna lengua extranjera, ¡¿con un contacto de tal envergadura?!). Entonces, Kapuscinski le daba pequeños empujones esperando que finalmente arrancara. Pero veía que era en vano. Que incluso cuando Domoslawski escribía un análisis de gran importancia, no era capaz de percibir lo que era el aglutinante de la cuestión, a partir del cual se podría elaborar una síntesis. Y ya ni siquiera discute con él, simplemente, un tanto ex cátedra, le dicta. Escribe esto y esto. Es imprescindible. Domoslawski, por su parte, siente que hasta ahí no llega, experimentando a la vez aversión por ese maestro suyo al que siempre tiene que mirar desde abajo. ¡Es tan humillante!

***

Analizando cómo Artur Domoslawski escribe sus libros, y sobre todo lo que formula en la biografía de Kapuscinski, se ve con claridad que los dos reporteros disentían en lo qué debería ser un reportaje. Podemos suponer que discutían sobre este tema. Ahora, cuando Kapuscinski ya no se puede oponer, Domoslawski dice: “El problema de Kapuscinski radica en que algunas de sus obras pueden constituir un ejemplo irrefutable para los periodistas, y otras –a menudo más eminentes desde el punto de vista literario– no necesariamente. Éstas últimas pertenecen más bien a las bellas letras y como tales ocupan los estantes de honor; por ello, quizás sería mejor que no se vendieran como obras periodísticas, a pesar de que una parte importante del material se recogiera por medios periodísticos y el autor utilizara también instrumentos de narración periodísticos” (pág. 439).

De aquí se puede concluir que es Domoslawski quien sabe escribir mejor un reportaje. Y la conclusión de la conclusión: a Kapuscinski se le aprecia y define injustamente en el mundo entero como “el rey” o “el emperador del reportaje”. ¿Por qué entonces Domoslawski le nombraba y le sigue nombrando maestro? Y una pregunta más insistente todavía: ¿por qué hasta ahora no se ha oído hablar de Domoslawski? ¿No cuenta acaso con unos cuantos libros de reportajes? A su modo de ver, mejores que los de Kapuscinski, porque no adornan la verdad. En 1999 publica su primer libro Chrystus bez karabinu: o pontyfikacie Jana Pawła II (Cristo sin el fusil: sobre el pontificado de Juan Pablo II), acogiéndose al título del famoso libro de Kapuscinski Cristo con un fusil al hombro. ¿No es un magnífico truco publicitario?

Continuemos. En los últimos años de su vida, Kapuscinski pensó en escribir un libro sobre América Latina, una obra que sería un complemento de sus obras más grandes, cerrando así la trilogía sobre todos los continentes del Tercer Mundo: África (El Emperador), Asia (El Sha) y América al sur de Estados Unidos. No llegaría a realizar su ambicioso proyecto. Domoslawski recoge el tema y escribe su Goraczka latynoamerykanska (La fiebre latinoamericana), prologado con afecto por el amigo Kapuscinski: “El libro de Artur Domoslawski es desde hace mucho tiempo en Polonia la primera intención de una profunda y sabia descripción de América Latina, esta tierra todavía poco conocida. Y dado que es un intento ambicioso, sólido y fascinante, más grandes son aún sus cualidades y valor”. Pero, ¿por qué el mundo no supo nada de ese libro? ¿Por qué Colombia, que se afanaba tanto en atraer a Kapuscinski, no se alegró de que su discípulo escribiera casi tan bien como el maestro? ¿Por qué nadie tradujo un libro tan esperado? ¿Qué comentarios sobre él habría hecho Kapuscinski en privado? ¿Quizá parecidos a los de la “clave” mencionada anteriormente? ¿A lo mejor Domoslawski había encontrado algo en los apuntes del “maestro”?

El hecho es que entonces el libro no se hizo famoso en todo el mundo y, lo que es muy significativo, poco después de publicar la biografía de Kapuscinski, es decir ahora, la editorial Swiat Ksiazki, aprovechando el momento, lo reedita, prescindiendo ya del prólogo de Kapuscinski. Probablemente Alicja Kapuscinska, la titular de los derechos de autor, no ha dado el beneplácito. ¿Quizás haya otro motivo? ¿Tal vez Kapuscinski escribiendo, no lo olvidemos, reportajes-ficción, sería ahora una recomendación poco apropiada?… Es inútil perderse en conjeturas. Pawel Szwed, el editor final de la biografía, preguntado recientemente en una entrevista por la cantidad de libros que había leído el año pasado, abrió los brazos con gesto de impotencia y dijo: centenares, centenares…” O sea, contémoslos, ¿unos… cuantos al día? Vaya, seguro que un lector tan ávido es todo un entendido en la materia. Por eso, al final de la biografía de su (¿ex?) maestro, Domoslawski da las gracias al editor por crear “una atmósfera realmente excepcional” (evidentemente, a diferencia del editor de Znak quien la estropeó).

Ahora bien, ya que Domoslawski no aprecia a Kapuscinski como reportero, ¿igual le valora como pensador? En el capítulo “Lapidarium (6): ¿Era Kapuscinski un pensador?” contempla este asunto. Dice que Kapuscinski soñaba con que le recordaran como pensador. Sin duda alguna, el mundo le recordará justamente así. Sin embargo, Domoslawski cita una afirmación de Wiktor Osiatynski, uno de los mejores amigos del fallecido reportero: “no, Kapuscinski no era pensador”. Y, dada la fuerza sugestiva de esta afirmación, da a entender que así es como debe recordarlo el lector. En el debate sobre el libro en el Instituto del Reportaje lo corrobora un compañero (¿amigo?) de Domoslawski, Andrzej Stasiuk: “Kapusta” (como le llama íntimamente, aunque en privado se encontrara con él sólo una vez) no era pensador. El agradecimiento para Stasiuk al final de la biografía es más especial todavía y da mucho más que pensar que el dirigido al editor: “Andrzej Stasiuk me ha dado apoyo en el momento más difícil de todas las vicisitudes del libro hasta el día de hoy. Un momento, me pierdo en las especulaciones: ¿aquel día cuando Znak se retiró del proyecto?, ¿aquél cuando Alicja Kapuscinska intentó prohibir la publicación?

Recordemos: En 2005 Andrzej Stasiuk ganó el premio “Nike”[4]; en el mismo año Kapuscinski competía con Viajes con Heródoto por el mismo premio. Cierto que De camino a Babadag es probablemente el libro más interesante de Stasiuk. Pero, aunque Stasiuk es un hábil narrador de la realidad, en lo que concierne a la capacidad de reflexión, está a años luz de Kapuscinski. ¿Por qué Polonia no ha premiado a su escritor y reportero más universal? En fin, dejémoslo, los premios siguen su propia senda. Basta con que Stasiuk no considera a “Kapusta” pensador (en cambio, para mi sorpresa, le considera “celebridad”). Cuando Domoslawski escribe “pensador ilustre” no habla de Kapuscinski, sino de Neil Postman. Y no se puede decir nada en contra. Efectivamente, Postman tuvo teorías innovadoras sobre nuestra realidad (nos divertiremos hasta morir). Pero en la interpretación de Domoslawski el apellido de Postman va acompañado de un punto final, mientras Kapuscinski-pensador merece (en el mejor de los casos) sólo un interrogante.

Y una vez más, ¿cómo reaccionaría Kapuscinski al respecto? ¡Él, para quien la aspiración de ser “aristócrata del pensamiento” era tan importante! ¡Él, quien seguramente estaba convencido de que con toda su vida y obra lo había conseguido!  ¿Le dolería la degradación a la que le ha sometido su fiel discípulo que sigue pregonando a diestro y siniestro que le considera su maestro? Podemos decir que, por suerte, allí donde esté, le da exactamente lo mismo. Está callado. Aunque… Ocurre que los grandes de este mundo tienen una facultad muy especial que les permite hablar incluso después de su muerte. En la página 152 de Lapidarium VI, escribió:

“Sobre el difamador de Lem: el pobre no se da cuenta que intentando hundir a Lem, en realidad se condena a sí mismo y se autodestruye, porque los difamadores y seres denigrantes, deseando trepar al pedestal de esta manera, caen hasta lo más bajo, en una cloaca hedionda de la que nunca saldrán. Los mezquinos desaparecerán pronto olvidados, anónimos, sin dejar ni siquiera una sombra”.

Traducción del polaco al castellano por: Andrzej Flisek


[1] “Kapu” era el hipocorístico con el que  bautizaron a Kapuscinski los estudiantes de los talleres de La Escuela de Nuevo Periodismo de Cartagena de Indias, donde impartió clases invitado por Gabriel García Márquez.

[2] Es así como se llaman popularmente en Polonia las actas personales de los colaboradores o agentes secretos de la policía política o de los servicios de inteligencia del régimen comunista.

[3] Publicada el 03/03/2010.

[4] Premio literario polaco más importante.

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Forma de citar este artículo en las bibliografías:

Elzbieta Binswanger-Stefanska (2010): “Kapuscinski non fiction: ¿La clave de una biografía?”, en Miguel Hernández Communication Journal, 1, páginas 222  a 229 .  Universidad Miguel Hernández, UMH (Elche-Alicante). Recuperado el __ de ____________ de 2_____ de: http://mhcj.es/2010/10/02/elzbieta-binswanger-stefanska/

 

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